El rojo cochinilla que vuelve

 

La cochinilla es un parásito que se instala en las pencas de las tuneras y del que se obtiene un tinte natural de color rojo carmesí empleado en la actualidad en la industria alimentaria, y, en su origen, en el teñido de textiles.

 

Se trata de un cultivo histórico en Gran Canaria que registró un extraordinario auge en buena parte del siglo XIX. En la actualidad, el cultivo está en fase de recuperación al dificultar las reglamentaciones europeas el uso de tintes no naturales para uso alimentario.

 

El cultivo de la cochinilla fue decisivo para la economía grancanaria en un corto, pero fructífero periodo de la historia de la Isla. Entre 1835 y 1880, la cochinilla fue el centro de un ventajoso comercio de exportación a Europa que aportó capitales y revitalizó la economía isleña. Las primeras experiencias para la aclimatación del cultivo se desarrollaron en la década de 1820. El morado y el violeta siempre fueron colores difíciles – y caros- de conseguir de manera natural.

 

El cultivo de la cochinilla tuvo un notable éxito en su tiempo por los beneficios que representaron el clima grancanario, la proclamación de la Ley de Puertos Francos de Canarias, la política de librecambio que adoptó el Gobierno británico en ese tiempo, y, sobre todo, por las epidemias contemporáneas que asolaron Méjico y Centroamérica donde se producía una cochinilla que rivalizaba con el tinte natural canario.

 

El descubrimiento en 1864 en Alemania de modelos de producción industrial de anilinas, tintes sintéticos, y a un precio mucho más bajo, acabó con el monocultivo en el que se había convertido la producción de la cochinilla en Gran Canaria y en el resto de las Islas.

 

La cochinilla de Gran Canaria, hoy, tiene un gran futuro por delante.