Gofio, alimento bandera de identidad

 

Hablar de gofio es hablar de Canarias. El arraigo de este alimento proviene de sus primeros pobladores. Se elabora utilizando numerosos cereales: garbanzo, avena, centeno, arroz.., aunque los más consumidos y elaborados son los de cebada, trigo y, mayoritariamente, el de millo.

 

Históricamente, fue una comida de pobres, por su fácil elaboración y su bajo coste, siendo alimento indispensable y muy consumido en época de hambrunas. En el siglo XIX podían encontrarse en Gran Canaria más de un centenar de molinos, principalmente ubicados en en el cauce de los barrancos para aprovechar la fuerza del agua, aunque también existían molinos de viento. Hoy, apenas quedan unos pocos en funcionamiento, con una producción cercana a los 2 millones de kilos al año consumido en Gran Canaria.

 

La mayoría del millo utilizado en Gran Canaria para la elaboración del gofio es importado, pues la producción local es bastante escasa. Llega de países como Rusia, Argentina, Francia, Brasil o Hungría, siendo el suyo un mercado cambiante.

 

El primer paso de la elaboración del gofio es la limpieza con la que se separan los granos partidos y otros residuos que se consigue con corrientes de aire, mientras que en los molinos tradicionales se utilizan cernideras de forma natural.

El tostado del cereal que caracteriza al gofio frente a otras preparaciones comporta temperaturas superiores a los 150 grados en máquinas impulsadas hoy por combustibles y que antaño aprovechaban la fuerza del agua y del viento.

 

Tras enfriarse el millo, se moltura con molinos dotados de dos piedras de cantería circulares que trabajan en horizontal y que deben ser picadas manualmente cada cierto tiempo. Tras un nuevo tamizado, sólo queda envasarlo.

 

El gofio es un alimento con un gran sabor y unos grandes beneficios nutritivos; poca grasa, muchos carbohidratos, fibra y minerales.