Gran Canaria y su millo

No está claro si el millo llegó a Gran Canaria procedente de América en los primeros momento de la conquista del continente o si arribó a la isla procedente de la Península en un periodo también temprano. Se sabe, al menos, que en Andalucía, ya se cultivaba en 1498.

 

Sea como sea, no debió pasar mucho tiempo hasta que el cultivo, sus granos y la harina resultante se convirtiera en un alimento base para las clases populares formando parte de una variedad exitosa de gofio. El gofio de millo de Gran Canaria.

 

Aunque hay variaciones entre zonas de Gran Canaria, el millo se suele plantar entre diciembre y enero y se recoge entre abril y mayo. El millo necesita temperaturas dentro del rango que va desde los 20 grados a los 30 grados y suelos fértiles ricos en materias orgánicas. Suelos arcillosos, bien preparados y con una fertilización cuidada.

 

El aporte alimenticio del millo es variado. Proporciona 365 calorías por cada 100 gramos, pero igualmente grasas, los tres tipos básicos de ácidos grasos, proteínas, vitamina B6 y magnesio, hierro, calcio, sodio, potasio y, afortunadamente, nada de colesterol.

 

El aporte cultural del millo también ha hecho historia en Gran Canaria, con medidas de capacidad con las que se repartió, con nombres de instrumentos asociados a su tratamiento y consumo o con expresiones coloquiales que siguen hablando de este producto de la tierra como un imprescindible.

 

Arrallarse un millo, comer roscas, mandarse un caldo de millo o hacer pella, mousse o helado de su gofio están en el día a día de los grancanarios.